INTERCULTURALIDAD EN EL ÁMBITO PROFESIONAL

Poder comunicarse en varios idiomas es muy necesario hoy día, e imprescindible en algunos casos, cada vez más frecuentes. Pero en determinados contextos organizativos puede no ser suficiente cuando se trata de alcanzar el máximo desempeño profesional posible, o el acceso al mercado laboral en las mejores condiciones.

 

Los trabajadores de entornos globalizados, de empresas que se desarrollan en mercados exteriores o incluso interiores pero con matices culturales que los definen y diferencian entre sí, deben poseer una “nueva” competencia (nueva en tanto que es reciente su categorización y conceptualización, porque como conjunto de habilidades, actitudes y conocimientos siempre ha estado ahí).

Los trabajadores actuales, no ya los del futuro a los que cada vez se les exigirán perfiles profesionales diferentes a los tradicionales, serán más competitivos en tanto posean, en alto grado de desarrollo, la competencia portabilidad profesional, interculturalidad o cosmopolitismo, que para gustos los colores…

Al final, todas estas denominaciones se refieren a lo mismo, a la capacidad de ser eficaz profesionalmente en entornos interculturales.

Efectivamente, para ser un trabajador eficaz en entornos interculturales lo primero que se necesita es capacidad para comunicarse con los demás, o sea, saber idiomas. Por ahora vamos bien encaminados porque nosotros estamos convencidos de ello y abogamos por ello, en este caso, porque el español como lengua extranjera sea una realidad para muchos estudiantes y futuros profesionales, un valor que enriquezca su empleabilidad y desarrollo profesional haciéndolos más competitivos.

Pero, ¿qué pasa si aunque sepamos hablar perfectamente un idioma no nativo, no somos capaces de entender al compañero de trabajo que es de otro país, (con otra cultura, con otros valores), a nuestro superior, o a nuestro cliente? Imaginemos el caso de un recepcionista en un hotel en Vancouver que recibe una expedición de estudiantes universitarios sevillanos, o a un español experto en marketing al que asignan una nueva cuenta para una empresa japonesa, y se ve obligado a pasar en Tokio una larga temporada. Imaginemos que ambos son capaces de hablar el español y el japonés respectivamente, pero incapaces de entender la forma de actuar de los demás, sustentada en determinados valores culturales, ajenos para ellos. ¿Puede ser la falta de entendimiento mutuo entre personas de entornos culturales diametralmente opuestos (más allá de la comunicación en otros idiomas), origen de conflictos internos en el seno de las organizaciones, de malas relaciones con clientes o colaboradores, de un descenso en el nivel de desempeño de un trabajador?

Quizás, o mejor dicho seguramente, nuestro amigo el recepcionista canadiense sea capaz de informar perfectamente a los chicos sevillanos del horario del desayuno, de la parada de taxis más cercana o de cómo ir a visitar la Isla Granville. Pero también puede que el bullicio y el “jaleito” de nuestros chicos, o su posible laxitud en los horarios, provoquen en el recepcionista canadiense estrés, falta de motivación, irascibilidad, y ello se vea reflejado en el trato que reciben otros clientes o sus propios compañeros.

Puede que John, así hemos llamado a nuestro sufrido recepcionista, no sea capaz de desenvolverse eficazmente en un contexto cultural diferente al suyo, no sea capaz de adoptar una actitud abierta al dirigirse a otros diferentes a él en cuanto que poseen valores y costumbres diferentes. ¿Y si John es capaz de adaptarse rápidamente a otros escenarios, atendiendo de la misma forma a españoles y canadienses?; ¿y si puede mantener una actitud abierta y versátil que le permita adaptarse con facilidad y éxito a sus nuevos clientes?; ¿y si se siente motivado por el nuevo ambiente creado por unos días?; y si en definitiva para John es fácil entender las diferencias culturales. Entonces, si eso fuera así, todos desearíamos tener a John en nuestro equipo, por su capacidad para reconocer y respetar la diversidad y la multiculturalidad.

Si nuestra empresa opera en entornos globalizados necesitamos equipos con capacidad para comprender y aceptar la diversidad social y cultural, con el fin de poder llevar a cabo procesos empresariales y de gestión en espacios multiculturales. No basta con que nuestros equipos puedan comunicarse en otros idiomas, también es necesario que posean la capacidad de integrarse y convivir armónicamente con personas de otras culturas.

Si somos un joven estudiante que viene a España a perfeccionar su español y realizamos prácticas en una empresa española, tendremos una oportunidad ideal para comprender por nosotros mismos la importancia de entender al otro más allá de la comunicación oral, y la experiencia nos ayudará a desarrollar esta competencia, y a descubrir el valor de la portabilidad o interculturalidad en el ámbito profesional.

 

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